De la tierra. Pasaron meses hasta que lo primos de ella le convencieron. Patatas revolconas para comer un sábado de febrero. Niceto tiró de manual y retomó un plato que aprendió con apenas 13 o 14 años. Receta de su zona, de su casa y de su padre. A veces más o menos fuertes, más o menos picantes, más o menos rojas, más o menos sabrosas, pero siempre un éxito. Un plato digno para inaugurar este blog.

La noche antes, Niceto soñó, sudó, pataleó e imaginó en la cama, recordando los pasos a seguir. Algo tenso por la expectativa creada. Por la mañana, los ingredientes en la mesa de la cocina y en marcha. Niceto cogió una olla grande y peló, con la escurridiza ayuda de ella, en torno a 10 patatas medianas. Bien lavadas, no las cortó, las quebró metiendo la punta del cuchillo y haciéndolas sonar. Las echó en la olla y las cubrió de agua, a ras. Con una hojita de laurel, una puntilla de guindilla y algo de sal, las puso al máximo en el fuego para que rompieran pronto a cocer. Sin más.

Primera remesa de torreznos. Seleccionados en una carnicería a las afueras de la ciudad de esas donde los padres se hacen sabios, Niceto troceó la primera tira de torreznos adobados (más tocino) y la primera tira de panceta adobada (más carne) y las frió (sin aceite, claro) a fuego medio con un diente de ajo sin pelar pero golpeado con la hoja de un cuchillo. Al final añadió media cebolla picada. Y cuando tuvo todo a su gusto, retiró del fuego la sartén y le añadió dos cucharadas de pimentón dulce evitando que se quemara. Bien movido y a la cazuela con las patatas. Fue la hora de quitar la guindilla.

Ahí comenzó a remover. Con una pala de madera, vueltas y más vueltas con el fuego más bajo para deshacer las patatas lentamente. Con paciencia.

En la segunda tanda de torreznos, repitió los pasos. Luego los separó a un plato para desgrasar y para decorar posteriormente. Y con el aceite generado, volvió a echar otras dos o tres cucharadas de pimentón y lo añadió a las patatas, que comenzaban a espesarse. Con el fuego cada vez más lento, siguió machacando. Para conseguir mayor uniformidad, sacó un poquito de agua de las patatas, ya con sabor a laurel, torreznos y pimentón, en un cuenco con dos cucharaditas de maicena. Cuado estuvo deshecha, lo añadió a la cazuela. Y removió, removió hasta que oyó el timbre. Besos a la pequeña pelirroja de los primos de ella y hora de emplatar, disfrutar, juzgar y compartir. Esta vez estuvieron algo picantes, ideal para atrevidos.

 Ingredientes: Patatas, tira de torreznos y de panceta adobada, una cebolla, un par de ajos, laurel, guindilla, maicena, agua, sal, y mucha paciencia.

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