Uno de mayo, una maleta para dos y 30 ilusiones. Un Renault, un GPS y algo de gasolina para el camino. 400 kilómetros, la A1 y más de 4 horas de viaje. En medio un parón, una actitud y ‘Puta Vida’ sonando en la radio: “… volveré a pensar en todo lo que nunca me gustó…/ Te juro que no puedo más, pero me da igual…”.

Y se hizo Zarautz. Un sitio para aparcar y un gusano apremiante en la tripa. Las tres de la tarde y una mesa puesta, la de Arguiñano. Un ravioli, un cochinillo, un bacalao y una torrija. Eso, vino y a la playa. Sol, mar cantábrico, una toalla y el sueño de ayer.

Por la noche San Sebastián. Hotel Barceló Costa Vasca. Moderno, sugerente. Un descanso y en busca de un ‘jatetxea’. El Gandarias: mejillones, croquetas de jamón, tortilla, pincho de ‘txuleta’, queso de cabra con bacon, jamoncito… Y bien de ‘txakoli’. Paseo por el casco antiguo, la plaza de la libertad, el ayuntamiento y una carta a orillas del río Urumea. Me gusta.

Una mañana en el País Vasco. Zona azul, zona verde: la primera multa. Luego al monte Igueldo. Funicular, colina arriba y un parque de atracciones de otra vida.

La isala de Santa Clara en medio. A un lado, la Concha; al otro, Ondarreta. En el otro extremo: el monte Urgull y el Sagrado Corazón de Federico Coullaut. Dos horas de contemplación antes de peinar el viento.

Acero en las rocas. Óxido en el mar. Gastamos carrete y en busca de ‘A Fuego Negro’. Miércoles cerrado. Al final, en Bartolo. ‘Pintxos fríos’, calientes, tapas y raciones.

Pulpo, piquillo relleno, bola de marisco, bocatín de jamón y ‘txaka’ típica

Carillera al vino.

Brocheta de solomillo.

Y ‘Txangurro’ al horno.

Luego Mac en la Concha. Una alegría, un propósito, una promesa y un alivio para la depresión. Entre arena, agua, sol, la música del viento y la guitarra del trovador.

Esperan los barquillos en el paseo y se marchan las horas. Pero el tio-vivo no para de girar. Un adiós que se acerca lento. Zona azul, zona verde: la segunda multa. Y ya, ‘agur’ al sol de San Sebastián.

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