Un clásico en la cocina de Niceto, porque son la debilidad de ella en todas sus vertientes. En vez de presidir suelen acompañar a un plato de mayor empaque. Complementan, aportan, gustan y llenan. Más si no hay vergüenza a untar pan.

Una vez limpios y desbarbados, Niceto pone a cocer los mejillones en una cazuela cerrada y sin agua. Dos minutos y todos abiertos. Filtra el líquido segregado para desechar las suciedades marinas y aparta los mejillones, a los que desnuda quitándoles medio caparazón.

En la misma cazuela con el agua, añade un trago de vino blanco, sal, y deja evaporar el alcohol. Entonces le añade el tomate casero, que tantos platos alimenta, y lo cuece a fuego lento. A medio camino, incorpora un poquito de maicena desligada en un vaso con el propio jugo de la cazuela. Cuando la salsa comienza a espesar y chapotear, devuelve los mejillones a la cazuela. Un par de meneos para que se bañen bien y a emplatar, con mimo y delicadeza, porque ella siempre lo agradece.

Ingredientes: Mejillones, vino blanco, tomate casero triturado, maicena y perejil. No tienes excusa.

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