Era domingo. De los que escasean, de los que pagaría por tener. De los que no existe despertador, de los que todo puede esperar. De los que no tienes que trabajar, ni has quedado. De los que te tumbas en el sofá y se para el tiempo. No hay horas. De los que chillas, sufres y saltas por Nadal, de los que te desesperas con Del Bosque y luego con Torres. De los que te quedas dormido viendo ‘The Artits’, porque ya la verás. De los que te cansas de vaguear. El domingo perfecto.

La premisa era ‘no hacer nada’. Y así nos levantamos a las 12, sin nada que hacer, felices. Desayunamos a la hora del almuerzo y comimos a la hora de la siesta, pero qué más da. Nadie nos esperaba. Ante un Cola Cao y un café, las sobras de los miguelitos de ayer (dos) y del bollo de un euro, se reunió el consejo de sabios: “¿Qué comemos hoy?” La noche anterior nos hablaron de coquinas y langostinos, y nos abrieron el instinto, pese a que acabábamos de dar el último mordisco a una tremenda hamburguesa de buey. Movidos por la envidia y la gula, abrimos el congelador. Descubrimos calamar, gambas y unas vieiras sobrantes de una cena de amigos. Estaba hecho: arroz meloso de marisco con vieiras.

Niceto dio la idea y tomó el mando. No había prisa, pero sí ganas de salir al aperitivo. Sin aceite, porque decimos estar a dieta, echó en la olla Express unos cuadraditos de calabacín y unas 6 cucharadas de base de tomate triturado y casero. Lo dejó hacer mientras limpiaba y cortaba el calamar. A los cinco minutos lo añadió junto con un filete de mero, también troceado. Un par de vueltas y le puso dos golpes de colorante amarillo y una ‘mieja’ de pimentón dulce. Luego cubrió la olla con agua, un cuarto de su capacidad. Saló, cerró y la dejó subir al dos. Después la retiró para que se enfriara. El aroma ya era alentador. La base estaba lista.

Un par de tintos de verano con un exquisito pincho de patatas de bolsa en una terraza de la avenida San Luis y pronto nos volvimos a casa. Al llegar, Niceto se dio vida. Puso a calentar la base que seguía en la olla (ya siempre abierta) Calculó un vaso lleno de arroz por cada dos persona, y echó dos, para que nos sobrara. Aparte, peló las gambas y coció las cabezas y cáscaras. Limpió el caldo y le echó sal, colorante y pimentón. Así, según cocía el arroz, Niceto fue agregando el caldo con el objetivo de dejarlo meloso, no seco. A falta de unos tres minutos incorporó las gambas peladas y la carne de vieira. Quedaron jugosas, tiernas, muy sabrosas. Y el arroz, durito, meloso, independiente, de restaurante. Lo dicho: levantarse tarde, volverse a acostar, desayunar a las mil, irse de cañas, comer arroz con marisco, siestear, Nadal, fútbol, salir a correr, cenar ligero, ver una peli muda con solo un ojo abierto… Y todo con ella, el domingo perfecto. Faltó ese gol de Torres ante Buffon.

Ingredientes para cuatro: medio calabacín, 6 cucharadas de base de tomate, 2 calamares, un filete de mero, medio kilo de arroz, 100 gr. de gambas, 100 gr. de vieiras, sal, colorante y pimentón.

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