Aquel día Niceto libraba y no tenía plan. Se aburría, así que dijo: “Me voy de compras” y se largó a media mañana. Se probó de todo: chaquetas ajustadas, pantalones largos y cortos, polos, camisas y al final, insatisfecho, se compró un kilo de carrillera de cerdo ibérico. Era tierna, roja y con finas vetas blancas. No se puedo resistir y se fue feliz a casa.

Así pasó el día, cocinando. Primero limpió las piezas de carrillera quitándoles el sobrante blanco (la grasa), las echó sal, y luego, con un poquito de aceite de oliva, las selló en la olla Express (abierta) para compactar la carne y dorarla ligeramente. Al minuto, las retiró. En la misma olla, puso una cebolla picada, espárragos trigueros troceados, medio bote de tomate triturado casero y, a los cinco minutos, medio litro de caldo de carne. Lo dejó hervir tranquilamente mientras veía en la tele blanca de la cocina cómo el ministro de economía, Luis de Guindos, anunciaba que los bancos españoles iban a ser ‘rescatados’ con 100.000 millones de euros.

Para digerir la noticia se bebió un vaso de vino tinto de un trago y echó otros dos al guiso, su única alegría aquel día hasta el momento. Cuando notó evaporado el alcohol en la mezcla, no en su cuerpo, colocó los pedazos de carrillera y cerró la olla para dejarla subir al dos.

Mientras, hizo el puré. Coció unas seis patatas troceadas. Cuando reblandecían, les quitó el agua y las machacó con un tenedor. Luego las fue ligando con una varilla, mantequilla, leche y sal hasta encontrar la textura y el sabor ideal. Listo y apartado.

Cuando bajó la olla y la abrió, se embriagó con el olor. Sacó las carrilleras en un plato y con una batidora trituró la mezcla, que quedó granate y algo más espesa. Luego desligó un poquito de maicena y lo añadió para darle aún más cuerpo a la salsa. Incorporó la carne y lo puso todo a hervir a fuego lento (5 y bajando) durante casi una hora para que las carrilleras quedaran más jugosas, finas y suaves.

Por la noche llegó ella y encontró la sorpresa. Se sentó a la mesa condicionada y apasionada por el olor. Cuando abrió los ojos vio en su plato humeante dos piezas de carrillera en salsa de vino tinto y trigueros, y alucinó. A la carne le acompañaban dos bloques de puré de patata que Niceto había frito en una sartén ayudado con un molde cilíndrico. Quedó crujiente por fuera y cremoso por dentro. Y la carrillera, lo dijo ella, era única, sublime y gloriosa. Se deshacía en la boca, aquella noche y los días siguientes portada en nuestro ‘tupper’ del trabajo. Fue una gran compra y un verdadero placer hacerla y, sobre todo, disfrutarla. Repetiremos, seguro.

Ingredientes para cuatro: Un kilo de carrillera de cerdo ibérico, una cebolla, cinco espárragos trigueros, tomate casero, medio litro de caldo de carne, dos vasos de vino tinto, maicena. Seis patatas, mantequilla y leche.

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