‘Barra libre de mojitos, los jueves’, leímos un viernes a las puertas del Wagaboo. Así que nos dio tiempo a mentalizamos durante toda una semana. “Estos no saben quiénes somos nosotros, jaja”. Llegó el día y “mojito, aquí, mojito aquí”. Hasta doce veces. Sí, doce. Seis para ella y seis para mí, y porque nos dio la risa. De la comida, apenas me acuerdo pero tengo pruebas. Recuerdo más la risa de ella, su vestido verde, su mirada pícara, sus alucinaciones posteriores y que fue ella quien me dio el Espidifen 600 al día siguiente. Ella se tomó dos.

Chups de pollo

De entrante pedimos un mojito y luego unos ‘Chups de pollo’: muslitos circuncidados y rebozados en harina acuosa, supongo. Para acompañar, salsa agridulce y barbacoa (5,50 €). Eran monos, apetecibles pero escasos y a un euro cero diez cada miembro aviar. Así que: “Por favor otro mojito, que no lo rentabilizo”.

Paja y Heno con salsa Tartufo

Ella recurrió a la pasta, especialidad de la casa (hasta 100 combinaciones). Eligió ‘Tallarines de Heno y Paja’ entre los diez tipos diferentes de pasta que preparan y salsa ‘Tartufo’ (trufa, nata, bacon y Martini blanco: 11,50 €). Los otros nueves aderezos disponibles, ya los probará en otros jueves. La conclusión final a la que llegamos, antes de perder la lucidez con el ron blanco, es que la salsa era demasiado potente para aquella noche tan tranquila. El sabor a trufa dominaba y llegaba a abrumar. Lo suavizamos con un poco de queso rallado (todo el mini tarrito que nos trajeron), pero ganó el sabor original. Ella se llegó a hartar y quizás fue eso lo que le sentó mal por la noche. O los seis mojitos.”Otro por favor, que estoy seco”.

Entraña Argentina

Yo insistí al encargado. Quería un pedazo de carne a la brasa y poco hecho. La hierba buena me había abierto el apetito. Descartamos el bistec por flaco y me recomendó ‘Entraña argentina al chimichurri’ (12,50 €). No me captó o, quizás, yo ya no acertaba a vocalizar. El trozo era más fino que Carmen Lomana e Isabel Preysler tomando sopa, aunque reconozco que el sabor era muy bueno. Mientras yo refunfuñaba, ella resoplaba y decía: “Vaya mierda llevo”. Así que me olvidé de mi filetillo y lo conduré hasta pedir el cuarto mojito. Ya casi no entendía ni lo que decía la rubia pesada de la mesa de al lado, ni siquiera oía el desagradable ruido de aquellas sombrillas con lluvia dispersa. No sé por qué, no parábamos de reír. Más aún, cuando oímos trompetas.

Tarta de queso con arándanos casera

Momento de levantarse al baño. “¡Ay madre, qué mareo!”. Me choqué con la puerta y quizás con alguna que otra mesa pero atiné cuando más se esperaba de mí. Ella vino y fue igual de segura que Masiel desfilando en la pasarela Cibeles pero lo consiguió. Pedimos la carta de postres y el encargado, de voz prominentemente nasal, nos sorprendió con tres tartaletas de madre, nos las plantó en la mesa y nos cantó el contenido: “Tres chocolates, Tiramisu y Cheesecake”, en resumen aunque él tardó un rato más en expresarse. “Todo casero”. Nos convenció el Cheesecake (5,50 €) y fue lo mejor de la cena en el apartado alimenticio. Nos supo incluso mejor con el quinto aunque nuestros niveles de azúcar se dispararon definitivamente.

El concepto ‘Fun eating’ del Wagaboo fue más real que nunca. Hicimos un exceso divertido. Disfrutamos de la noche del jueves como si fuera sábado, nos olvidamos de que en unas horas teníamos que trabajar y dimos rendimiento a la promoción: “Señor Wagaboo, ¿nos trae la cuenta… y los dos últimos mojitos, por favor?”. El próximo jueves se lo pensarán más o, quizás, nos lo tendremos que pensar nosotros.

Wagaboo Las Tablas: C/ Palas del Rey esquina C/ Toques

Anuncios