Vi el papel de regalo, me acerqué y me olió demasiado fuerte para ser un pack típico de calcetines. Además, ella no suele. El aroma me sonaba, pero el envoltorio con motivos infantiles me despistó. No sabía qué pensar. Estaba aturdido. Rasgué el papel y descubrí una caja verde alargada que ponía ‘5J’. Suspiré una, dos y tres veces. Luego tragué saliva, porque me desbordaba. Era una caña de lomo ‘5 Jotas’ y yo acababa de cenar. Fue un gran regalo.

Y con ella, la caña, pasamos el verano. Fue un premio, un gran aliciente, llegar cada tarde después del trabajo y verla ahí, esperándote. La noche de la foto, acompañamos el lomo con gazpacho y pan de centeno tostado. Fue lento, pausado. Su sabor era intenso, su veta perfecta y su lágrima conmovedora.

Cuando agotamos su esencia, ella, melancólica, tomó la sabia decisión de regalarme una por cada año más que cumpla. Yo acepté y ella tendrá que cumplir. Me gusta la idea, puede ser una gran tradición en casa Niceto. Aunque en julio no quiero invitados. O sí, con más razón que nunca. ¡Cuánto te echo de menos!

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