El Gamoneu es el tesoro azul más preciado de los pastores de los ‘Picus’, después de la Santina. Es el gran desconocido, es propio e identificativo, aunque hay dos tipos: el del valle y el del puerto. Patente de unos pocos (solo cinco familias hacen el del puerto), se resiste a la exportación en masa pese a ser Denominación de Origen y resulta ser una deliciosa rareza. Es casero, tradicional y rústico. Mezcla leche de cabra, de vaca y de oveja y su elaboración es artesanal. Se cura en cuevas naturales en majadas de los montes de Covadonga durante un periodo de dos a cinco meses. Y luego es ahumado al carbón durante diez-veinte días para evitar que el hongo penicillium penetre libremente en él, como ocurre en el de Cabrales. Su aspecto interior es blanco mantecoso y suele tener vetas azules verdosas. Es fuerte, algo seco y deja un inconfundible aroma a leña quemada en el paladar. Su corteza es semidura, bien definida y de color beige ennegrecido. Es difícil de encontrar lejos de Asturias, solo por Internet o en tiendas muy especializadas. En la cabaña del pastor, el del valle nos costó unos 14 euros la pieza de 650 gramos. El del puerto es más caro.

Y como dicen allí, mientras unos cardan la lana, otros se llevan la fama. El queso de Cabrales es el rico y poderoso. El que está allí y aquí. Para el mundo, es el sabor de Asturias junto a las fabes y la sidra. Es el queso azul español por excelencia, también con Denominación de Origen. El auténtico madura en las cuevas de las montañas asturianas en la zona de Cabrales y se diferencia del Gamoneu en que es menos compacto, carece de ese sabor ahumado pero tiene mayor influencia del hongo que reparte las vetas azules por su interior. Apenas tiene corteza, es blanda y mantecosa. Su sabor es fuerte, persistente y con tonos picantes. Lo compramos en la misma cabaña, y pagamos casi 9 euros por una pieza del mismo tamaño. Si tengo que elegir, me quedo con el Cabrales.

Casa Canene, en Llanes: 21 euros

Allí comenzamos nuestra degustación de Asturias, en una callejuela de Llanes. Es un sitio muy turístico pero con grandes críticas en la red. Y las merece. Es cantidad y calidad a bajo precio. Funciona con menú, incluso en la noche (10,5 euros). Nosotros pedimos Almejas a la marinera, Chipirones a la plancha, Entrecot y Solomillo, ambos al Cabrales. Tarta de queso y café. Con una botella entera de vino blanco para pasar la noche. Salimos encantados y con coloretes.

Casa Poli, en Llanes: 27 euros

Recomendado por un ‘guaje’ adoptivo. Fuimos hasta Puertas de Vidago, a escasos cinco kilómetros de Llanes. Era un caserón típico de Asturias, de madera y piedra. Con corredor y patio a la entrada. Allí saboreamos más platos de la tierra: Chorizo a la sidra, Croquetas al cabrales, Tortos con huevos y picadillo y la mejor Tarta de queso que ella ha probado jamás. El sitio era especial, la cena demasiado fuerte por culpa de nuestra elección: demasiada matanza. Y sidra, mucha sidra escanciada primero por primerizos y luego por un profesional.

Bar Parrilla JJ, en Llanes: 32 euros

Era otro ambiente. Más selecto, elegante y moderno. Decorado con tonos negros, blancos y plateados, este restaurante de reciente apertura busca combinar los sabores y las recetas tradicionales de Asturias con una imagen más actual. Quiere diferenciarse de los otros locales que le rodean en la calle Mayor de Llanes. Es más luminoso, delicado, fino y con un ambiente más fresco. Fue otra opción. Nos lo recomendó un chico de Avilés y acertó. Nos encantó la Cazuela de Almejas, Gulas y Gambas. Y ya casi no pudimos con ese pedazo de Cachopo (filete, queso, jamón y filete), tan característico de la zona. La sidra también nos acompañó.

La Rula, en Lastres: 20 euros

Una barbaridad. Una exagerada exageración. Una hipérbole alimentaria. No sé cómo definirlo. Fuimos al precioso pueblo de Lastres, donde se rodó la serie El Doctor Mateo’ y nos hablaron de La Rula para ir a comer, al lado del puerto pesquero. Entramos hambrientos y salimos encogidos. Y eso que pedimos poco: un menú y un plato, todo para los dos. Pero qué bestias. De cada ración podían comer 4 personas perfectamente. Nosotros pedimos Paella, Mejillones a la marinera y Chipirones en su tinta. Mucho y muy rico. Peor lo pasó el de al lado, que se pidió paella y de segundo callos, bien abundantes y bien calentitos. Se hizo el bravo delante de su novia y se lo comió todo. No quiero saber cuáles fueron las consecuencias…

Ahí no acabó nuestra ruta gastronómica por Asturias, ya que nos trajimos materia prima. Niceto ya disfruta inventando con la sidra, el cabrales, el gamoneu y las fabes que llenaron nuestra maleta. ¿Cuál será su próxima receta? ¿Y nuestro próximo viaje?

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