Groupon, LetsBonus, Groupalia, Atrápalo, Restalo, Planeo, Doopla, Privalia, Offerum y su puta madre. Nos bombardean. Nos explotan el correo, nos acosan y nos tientan con precios ridículos que a veces conllevan trampa. Es una nueva forma de vender ocio y de generar necesidades innecesarias, pero es cierto que a veces nos acercan productos, viajes o restaurantes prohibitivos en circunstancias normales. Una de estas páginas de ofertas nos permitió conocer el Restaurante ‘El Garbí’, sus gambas y su reconocido arroz a un coste muy por debajo de lo que señalaba en carta (20 euros por persona, vimos a la entrada). Fue un premio que nos dimos después de un agosto muy caluroso y de trabajo infinito.

‘Arroz con chipirones y gambas peladas’ ha obtenido en tres ocasiones el primer premio del concurso internacional ‘Arroz a Banda de Denia’, el más prestigioso del mundo, según dicen. Y es un premio muy merecido, podemos dar fe. Fuimos un domingo soleado, en el que nuestra única preocupación era hacer una buena foto a la comida y saber a qué hora nos echaríamos la siesta en casa ¡Ay, qué placer!

Al sentarnos, releímos la carta de arriba a abajo, e hicimos cuentas mentales de lo que nos habíamos ahorrado. Es muy caro y muy selecto, pero la crisis les ha obligado a abrirse a otro tipo de público. En las mesas de alrededor, había señoritos con bigote y corbata y mujeres con más joyas que años. Pero también alguno con bañador y alguna con aros prominentes en las orejas, que cuando dio al botón ‘comprar’ no sabía lo que adquiría o dónde lo degustaría. Nosotros, éramos la clase media entre los extremos, o eso creía ella, que pidió gambas a la plancha con un toque de pimentón y media botella de vino, para abrir boca mientras esperábamos al arroz.

El Garbí de la calle Infanta Mercedes es moderno y alargado. Tiene las paredes diáfanas con solo una composición de luces bajo paelleras colgadas. Y algún cuadro suelto. Combina tonos color haya con una pared negra al fondo y con mobiliario blanco. Se nota que es nuevo. De eso hablábamos cuando vimos llegar nuestro ‘Arroz a banda con chipirones y gambas peladas’. Nos lo trajo el camarero que nos había invitado a un cuenquito de gazpacho porque era su cumpleaños. Nosotros lo celebramos por él, después de felicitarle.

El arroz estaba exquisito. Asombroso. Era muy potente. Predominaba una especia que no supimos descifrar, ni el camarero nos quiso desvelar. El poder del arroz se intuía en la base. Supimos que el fumet de marisco lo cocían durante casi 24 horas con piezas de bogavante, langosta, cigalas, rape y también morralla. La señora de las joyas presuntuosas y la cara estirada criticaba que el arroz estaba demasiado fuerte, demasiado salado. Que era ideal para una pinchada pero muy cargante para tomarse un plato entero. Quizás tenía algo de razón y el plato estaba pensado para una cata o concurso, pero para mí esa supuesta debilidad era un virtud. Y tampoco me siento con potestad, ni ella, de criticar un arroz que está por encima de nuestra línea y que ha sido varias veces considerado el mejor arroz de España por profesionales de esto. Nosotros solamente lo disfrutamos, como la siesta.

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