Zamburiñas

No te has ido, porque sé que aún estás ahí. Me alegro. Parece que este junio no ha existido. No tengo excusas, Niceto tampoco. Quizás es el tiempo, el reloj o el cansancio. O que a veces soy algo inconstante. También puede haber influido la dieta, o que necesitaba dormir. El caso es que aún estoy aquí y que Niceto nunca para de cocinar. Gracias.

Celebro que estés a mi lado. Por eso, hoy hay cena especial: Zamburiñas de las rías baixas y algo más de marisquito. ¿Recuerdas aquel viaje a O’Grove? Nuestro primer viaje. Tuvo un sabor especial, a mar, a ría, a marisco, a ti y a mí. Luego repetimos y volveremos a repetir. Nunca nos cansamos

Hoy estamos lejos de las rocas que chocan contra el mar, de los peregrinos que no descansan, de los pescadores que arriesgan el jornal, del hotel de La Toja, de la iglesia de las Conchas, del casino de abuelos, de la carpa de marisco, de las ‘meigas revientaruedas’ y de las islas del norte. Pero este sabor nos acerca un poco allí.

El vino blanco ya está en tu copa. En la mesa, hay pulpo a la gallega con sal Maldom y pimentón; coquinas con puerro y esas enormes zamburiñas hechas a la plancha en tres minutos. Hazme caso por una vez, no las pases en exceso, mejor casi cruditas. Saben a Galicia. Gracias otra vez por estar ahí.

Zamburiñas

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