San Juan de Luz

(San Juan de Luz)

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Día 1: 3 de agosto

Nunca lo llevas todo, siempre te falta algo. Esa es la máxima del viajero, más si eres inexperto en la aventura ‘on the road in a van’. El 3 de agosto de 2014 cargamos ‘nuestra furgoneta’ y pusimos muchos kilómetros de distancia. Huimos del ayer. De la presión, de la insensatez, de los problemas creados, de las voces y de la incoherencia disfrazada. Salimos a primera hora de la mañana y pisamos fuerte al acelerador para ganar vida, liberación y para recobrar la cordura arrebatada.

El destino era Francia y el objeto: llegar hasta ‘le Mont Saint Michel’, en un viaje por la Bretaña de 17 días y más de 3.500 kilómetros. Ella y yo, en una Mercedes Vito y durmiendo varios días a la intemperie. Sin más abrigo que nuestros abrazos. Y sin más preocupaciones que disfrutar de nuestro momento.

De Quintanar del Rey a San Juan de Luz (700 km)

La primera parada de nuestra hoja de ruta nos metía directamente en Francia, el punto de llegada era San Juan de Luz. El viaje fue largo pero alegre. Nos turnamos en la furgo e hicimos múltiples descansos, incluso paramos en un extraño campamento moro próximo a Madrid.

Sobre las 19:00 horas llegamos a la frontera, repostamos gasolina, desconectamos el 3G de los móviles, esquivamos a los del dedo y nos adentramos en un mundo nuevo. ¡Oh, la lá!.

Aparcamos en el centro de San Juan de Luz. Estábamos como nerviosos, asustados,  impacientes y muy desubicados. Nos cogimos la chaqueta y nos fuimos a investigar, sin dilaciones. No había mucho tiempo. Y es precioso, un pueblo precioso. Nos encontramos un lugar señorial, clásico, elegante, pintoresco, con puerto, playa, sol y piratas. Se respira una gran armonía vasco-francesa y se entremezcla el idioma castellano-francés. También desemboca allí el río Nivelle.

San Juan de Luz por la noche

(San Juan de Luz por la noche)

Nosotros paseamos por la calle Gambetta y otras cuantas, observamos los puestos de marisco aunque cenamos un bocadillo mirando al mar y empezamos a disfrutar del aroma que nos acompañaría después durante todo el viaje, el de los gofres y crepes caseros humeantes en los puestos callejeros. A pesar de ello, aquel día escogimos un helado de nutella. Agotados, dormimos al lado de las vías. Encanto infinito.

Marisquería San Juan de Luz

(Marisquería en San Juan de Luz)

La playa de San Juan de Luz

(La playa de San Juan de Luz)

Día 2: 4 de agosto. De San Juan de Luz a Biarritz (23 kilómetros)

Llegamos a primera hora a Biarritz, teníamos hambre de playa y aparcamos al lado de la Milady’. Fue nuestro primer contacto con el sol y la arena. A medida que pasaban las horas, se fue llenando y llenando hasta que no cabía un alfiler. Después de varios paseos y horas de ocio absoluto, comimos debajo de un árbol algo que traíamos ‘entuperado’, quizás carne con tomate o quizás un poco de pollo empanado. Ahora, qué más da.

Playa Milady (Biarritz)

Playa Milady (Biarritz)

La Grand Plage de Biarritz

Playa Milady (Biarritz)

La sobremesa la hicimos de camino al centro del pueblo. Fuimos en autobús y nos bajamos a la altura de los casinos de Biarritz. Había mucha gente, gente de nivel: pijos, surfistas jóvenes, adinerados de flequillo y solo alguno que otro que dormía en furgoneta. Observamos el paisaje tomando una coca cola con el faro de Biarritz al fondo y la Grand Plage a nuestros pies. Luego nos fuimos a ver la cripta de Santa Eugenia. Muy amables las monjas por saber esperarnos.

La Grand Plage de Biarritz

La Grand Plage (Biarritz)

Paisaje de Biarritz

(Paisaje de Biarritz)

Iglesia Santa Eugenia (Biarritz)

(La cripta de Santa Eugenia)

Chez Alberto (Biarritz)

Chez Albert (Biarritz)

Al ver los precios de los ‘moules a la créme’ de Chez Albert, decidimos dejarlo para más adelante y volver a cenar de bocadillo. El atardecer lo vimos desde el mirador de la ‘Roca de la Virgen’. Fue una vista preciosa y tranquila. Cuando cayó la noche, emprendimos nuestro viaje de regreso hacia la playa Milady, esta vez andando y por la costa. Allí, dormimos en el parking (furgoperfecto). No pasé miedo, ella un poco.

El faro de Biarritz al fondo

(El faro de Biarritz)

La roca de la virgen (Biarritz)

(La Roca de la Virgen)

Atardecer en Biarritz

(Atardecer en Biarritz)

Día 3: 5 de agosto. De Biarritz a Bayonne (9 kilómetros)

Bayona

En Bayonne fue otra historia: dormimos en hotel (Le Bayonne Hotel y Spa). A pesar de todo no teníamos síntomas de cansancio, la ilusión de seguir adelante podía con todo.  Antes de subir a nuestra habitación, nos fuimos a ver el mercado de abastos del pueblo. Encantador, con sus ‘fromageries’, ‘boucheries’, ‘charcuteries’ o ‘boulangeries’. ¡Qué ricos, lo panes! Compramos un quesito de cabra y un hombre nos regaló un kiwi y un plátano, casi se nos saltan las lágrimas. Le dimos pena. Y nos fuimos a comer y a descansar al hotel. Luego, a relajarnos al spa.

Quesería en Bayona (2)Quesería en Bayona

(Queserías en Bayonne)

Por la tarde, buscamos la chocolatería de Cazenave, la más antigua de Bayonne (abierta en 1854). Probamos algunos de ellos pero sin derroches. Luego vimos su imponente catedral (Santa María) y nos dimos unos caprichos. Yo me compre unas Le Coq Sportif y ella, un figurita Pandora. De recuerdo.

La catedral de Santa María (Bayonne)

(Catedral de Bayonne, Santa María)

Por la noche y a orillas del río Nive, nos tomamos un vino blanco para luego cenar en un banco. De postre, nos comimos nuestro ‘Le Marquis Noir’, que es una torta dulce de queso de cabra. Estaba divino. Luego nos fuimos porque al banco de al lado, que regentaba un hombre solitario, llegó otro ensangrentado y aturdido. No quisimos saber más. A dormir en sábanas blancas.

Le Marquis Noir

(Le Marquis Noir de Jahan)

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