Parpadelle con panceta

Parpadelle, comprados en via Santa Croce in Gerusalemme; queso pecorino, de un mercado romano; y panceta, panceta adobada de Ávila. Lo mejor de cada casa. Brutal. Fue la primera comida en Madrid después de llegar de Roma, qué bonito viaje.

Para entonces, a Niceto le invadían las ideas, le embriagaba la emoción, le podía el ansia. No tiene control y eso, a veces, mola.

(250 gramos de pasta, queso pecorino rallado y panceta adobada frita. No veo necesario detallar el proceso. Y si no, me mandas un email o te vienes a casa).

Fuimos a Roma en busca de un tiramisú mejor que el de Niceto y, posiblemente, lo encontramos. Ni siquiera ella es objetiva, pero sí es cierto que probamos un par de tiramisús espectaculares que, cuanto menos, estaban igual de ricos que el que prepara el rey de la casa. Hay que ser justos.

En nuestro primer día en Roma y antes de comer, sucedió la segunda mayor tragedia del viaje. Perdimos en Piazza Navona el súpermapa de restaurantes con descuentos que traía nuestra audioguía de Roma. Casi morimos de rabia. Lo teníamos todo programado y además pensábamos aprovecharnos de las ofertas para comer, pero cuando fuimos para el Pasquino nos dimos cuenta que nuestro mapa había volado. Nos dolió casi más que si hubiéramos perdido la cámara, el móvil, las gafas, los cascos o un zapato… (me he pasado, pero nos jodió un montón; aún lloro al recordarlo).

Pero como Niceto es previsor, por lo menos había apuntado los mejores sitios para comer que indicaba el mapita, eso sí, no tendríamos descuentos. Así que nuestra primera parada culinaria fue la mejor pizzeria de Roma: Baffetto (Via del Governo Vecchio, 114). No nos defraudó. Disfrutamos de una pizza grande de rúcula y bresaola (carne de ternera curada, ella no lo sabía). ¡Molto bene!. Y el primer tiramisú. Buahhhhh! Qué placer! Gozamos. Con las bebidas: 21€. Nos quedamos bien. Razonable.

IMG_5177

IMG_5183(Baffetto)

Por la noche y tras un día de extensa caminata por la calzada, cenamos cerca de la Piazza di Popolo (la plaza del pueblo). Nos sedujo el restaurante Pollarolo 1936, por el nombre y por ser una típica trattoria romana. Nos tomamos una lasaña casera increíble, y nuestra pizza favorita: la napolitana. Amo a las anchoas entre todas las cosas. Con media botella de vino blanco: 20€. Qué contentillo más tonto. Culminamos la noche con un ‘gelato’ de chocolate negro intenso. Malpensad@.

Lasaña romana

IMG_5320(Pollarolo 1936)

Otro de los días, entre Palatino, Coliseo y Foro Romano nos paramos a comer en un banco unos ‘focaccia’ y algún sandwich para no perder excesivo tiempo y poder ver todas las piedras de la antiguedad posible. La comida callejera de Roma también es arte. ¡Y qué pesados los ‘vende-selfie-stick’!

IMG_5452

Por la noche, nos fuimos al Trastévere. Barrio bohemio, en la ribera oeste del Tíber, famoso por sus callejuelas adoquinadas y por sus restaurantes. Encanto, buena comida y precios muy razonables. Es un lugar especial, ajeno a las piedras monumentales y a la misticidad del centro. Parece que entras en otro mundo con solo cruzar el río. Es muy disfrutable. Entre tanta oferta, elegimos cenar en la terraza del Cave Canem: bruschetta de tomate, albahaca y aceite de oliva; penne a la carbonara, otra pizza napolitana y el mejor tiramisú del viaje. Especialmente delicioso. De verdad. Las fotos no hacen justicia al sabor de los platos, pero estábamos al lado de una luz de dudosa reputación. Todo: 23€.

IMG_5630-Trastevere

IMG_5633

PicMonkey Collage2(Cave Canem)

No podía tener más hambre. Tras hora y media en la cola de los Museos Vaticanos y tres horas de histórico paseo por sus gigantesvas salas y pasillos ultradecorados y megavaliosos, me moría de hambre. Hasta me rugían las tripas en frente del Juicio Final de Miguel Ángel mientras veía a los condenados al infierno aferrándose a la vida. La espera y el aguante mereció la pena: nunca presencié mayor obra de arte. Fueron muchos los minutos en los que permanecimos con el cuello hacia arriba y la boca abierta.

Luego la cerramos y la utilizamos para degustar otra maravillosa y contundente comida romana. Nos pusimos hasta arriba en Bianco’s Vespette e Forchette: ensalada Julio César; spaghetti a la carbonara para ella y penne a la amatriciana para Niceto. Salimos por 23 € y fue la última de las últimas.

IMG_5753

IMG_5757

IMG_5758

Por último, despedimos nuestra primera visita a Roma con un típico capuccino. Sí, estaba tan rico como parece en la foto. 3,5€.

IMG_5761

Lo dicho: viaja, vive, come, duerme, disfruta, mima, canta, escucha, salta, pide perdón, aprende, mira, haz tiramisú… Y da vida. Arrivederci, Roma.

Síguenos en Twitter Sigue ‘Las Cosas de Niceto’ en Twitter

Anuncios