Alguero de noche (Capo Caccia)

22 de agosto: Sassari, Stintino y La Pelosa

El 22 de agosto fue el día del cambio de hotel. Abandonamos el centro y el sur de Cerdeña para irnos al norte. Asentamos nuestro campamento en Sassari, hotel Carlo Felice. El hotel.

Por el camino, paramos a ver los vestigios del ‘Nuraga Santu Antine’, mística e historia en la localidad de Torralba.

Nuraga Santu Antine (Nuraga Santu Antine)

Luego continuamos hasta la playa de La Pelosa (otro objetivo tácito), en Stintino. Era sábado y una playa de fácil acceso, así que había multitud pero siempre nos sabemos buscar nuestro hueco. Es preciosa. Mira.

La Pelosa

La Pelosa (La Pelosa)

Lo peor de La Pelosa fue tener que poner el ticket de la ORA italiana. Pese a ser legales y pagar, tuvimos problemas con los irreverentes del peto fluorescente. Aún estamos esperando la multa. (¡Vaffanculo!)

Por la noche, y tras ‘desmaletar’ el coche e inspeccionar nuestro nuevo hogar en Sassari, nos fuimos a cenar bajo la recomendación del recepcionista. Osea, que el del restaurante sería su primo. Fuimos a la ‘Spaghetteria 140 Grammi’, en la calle Carbonazzi. Bestial. Por 10€ te ponen una fuente de pasta, en nuestro caso de marisco, gigante. Es para dos o tres. Muy brutos. Con tiramisú y bebida, pagamos 18€.

Sassari(140gr)

Con la panza llena, nos dimos un paseo por el centro de Sassari: piazza Italia, piazza Castello, piazza Duomo, piazza Tola. Ambientazo y mucho encanto. También decadente y viejo, pero limpio y bonito. Bohemio.

Sassari (Piazza Tola, Sassari)

23 de agosto: Capo Testa y Santa Teresa de Gallura

Alteramos nuestro planning inicial para gestionar las distancias y elegimos Santa Teresa de Gallura como destino para este día. Antes de ir hasta allí, pasamos por uno de nuestros imprescindibles del viaje: Santa Trinitá de Saccargia, la iglesia de fachada rallada. Había una boda italiana cuando llegamos. Es el sitio románico más importante de la isla. Está construida totalmente con piedra local (basalto negro y piedra caliza), y proyecta el típico estilo románico toscano. Especial.

Santa Trinitá de Saccargia(Santa Trinitá de Saccargia)

Tras dos horas de viaje por una carretera complicada, llegamos a la zona de Capo Testa, famosa por sus piedras erosionadas. Es un espectáculo, parece un escenario de película montado en papel-cartón. Pasamos la mañana saltando entre las rocas, recorriendo los montículos, jugándonos una caída ridícula, haciendo mil fotos y comiéndonos a bocados algo de fuet que aún nos quedaba. Vimos fantasmas.

Capo Testa(Capo Testa)

Luego un cartel nos confundió cuando buscábamos la preciosa Cala Spinosa y fuimos a parar a una especia de cala, muy descuidada. Nos dimos un baño rápido para bajar el calor del paseo y retomamos la búsqueda. Cala Spinosa estaba a la entrada y desde arriba la vista era excitante. El camino de acceso está al lado de un chiringuito, hay que meterse entre los arbustos, escalar alguna piedra, bajar medio a gatas y pegar algún que otro salto hasta llegar a la arena. Con un carrito de bebé sería imposible, claro. Además, luego casi me ahogo intentando cruzar a otra zona por el agua con la mochila en brazos. Era una cala tranquila, de agua cristalina, de una paz inmensa. Baño, comida, siesta, lectura y buceo. Por ese orden y hasta que cayó la tarde.

Cala Spinosa(Cala Spinosa)

Entonces, nos fuimos a Santa Teresa de Gallura, aparcamos cerca de un patio donde celebraban una misa multitudinaria, nos dimos un paseo por el pueblo y comimos dos porciones de pizza en la famosa La Lucciola (4,40€), la mejor pizza ‘al taglio’ que probamos. Ahí no acabó el día. Volvimos a Sassari, se hizo largo siendo tan de noche, y antes de llegar a nuestro hotel, nos volvimos a dar una vueltecita por el centro y nos metimos otra pizza carbonara (5€), que degustamos en un banco rodeados de jóvenes y modernos italianos. Así acabó el día.

24 de agosto: La Maddalena (Costa Esmeralda)

La Maddalena era otro de nuestros puntos clave. Es una pequeña isla al norte de Cerdeña, ubicada en Costa Esmeralda. Llegamos por al mañana pronto a Palau (1:40h) para coger el ferry: barco para dos personas con coche, 56€ ida y vuelta. Fuimos poco inteligentes, porque si hubiéramos dicho que nuestro coche era de menos dimensión (un Clio, por ejemplo), hubieran sido 44€ y no lo comprueban. Dicho queda.

Ferry a La Maddalena(Ferry a La Maddalena)

Al llegar a La Maddalena, nos dirigimos al extremo Este para acceder a otra isla, Caprera, comunicadas ambas por un puente. Buscábamos la Cala Coticcio, el Tahití de Cerdeña, la llaman. Con ese nombre, no se nos podía resistir. Encontrarla fue costoso, duro y cansado. Dejamos el coche en la cuneta de un camino y seguimos las indicaciones de unos italianos para adentrarnos en la maleza. Una hora andando por un camino a veces tan complicado que había hasta zonas de pequeñas escaladas, a la vuelta ella se cayó, un drama. También sufrimos con el sol. Y lo más desmoralizante era saber si íbamos bien o no. La duda mata.

Caprera(Camino a Cala Coticcio)

Pero al final llegamos y al ver aquello, olvidamos los males. Bueno, casi todos. La cala era extraordinaria. Nos costó hacernos nuestro sitio pero al final conseguimos ponernos a pie de agua. Lo mejor de la zona no se aprecia en las fotos: fuimos nadando por el extremo izquierdo hasta encontrar unas rocas donde poder disfrutar de las vistas y de un agua espectacular. Era un paraíso. Pasamos más tiempo en aquella roca que en la propia arena. Disfrute máximo aunque siempre con una preocupación: ¿Sabríamos volver?

Cala Coticcio(Cala Coticcio)

Sí. Fue duro pero llegamos. Volvimos de Caprera a La Maddalena por un precioso bosque, el atardecer era divino para hacer vídeos melancólicos. Nos dimos un paseo por el pequeño pueblo de La Maddalena y cenamos en en L’Aragosta (flojito): spaghetti carbonara y tagliatelle con rúcula y gambas, con bebida por 22,50€. Luego, en la noche profunda, cogimos el ferry de vuelta. 15 minutos y de regreso a Sassari por la horrorosa carretera que une toda la costa norte: una especia de Nacional con mil curvas y con el peligro añadido del estilo de conducción a la italiana. Miedo.

La Maddalena(La Maddalena)

25 de agosto: Capo Caccia y Alguero

Variamos nuestra ruta prevista y cambiamos ver pijos de flequillo y yates en Costa Esmeralda, por disfrutar de la calidez, la historia y los atardeceres de Alguero, la ciudad de los corsarios a la que iríamos en dos ocasiones: hoy y el último día. Fue un acierto.

Por la mañana pronto y tras media hora de coche desde Sassari, llegamos y aparcamos en lo alto de Capo Caccia, cuyo perfil dicen que es el de un gigante dormido. Íbamos predispuestos a bajar los 565 escalones para entrar en la ‘Grotta di Neptuno’, pero el acceso estaba vallado y según nos dijeron no se podía ir por “fuerte oleaje”. Estos italianos no han ido nunca a Costa da Morte (Galicia)

Capo Caccia(Capo Caccia, el gigante dormido)

Nos hicimos mil fotos y panorámicas con el paisaje de fondo y bajamos a la cala más cercana de la zona: cala Dragunara. Preciosa. El único inconveniente era que tenía demasiado espacio reservado para la llegada de barcos. Había un chiringuito y se aparcaba bien. Hicimos snorkel, comida y siesta.

Cala Dragunara(Cala Dragunara)

Por la tarde nos fuimos a una de las famosas playas de Alguero: Mugoni, con su pinar que te regala una sombra perfecta para leer, dormir y descansar. Era una playa más convencional, muy familiar, con varios bares y zonas de recreo, y, aunque había bastante gente, el agua volvía a ser cristalina, calmada, bella. Arena agradable. El parking costaba 1€ la hora. Estuvimos hasta las 19h.

Playa Mugoni(Playa Mugoni)

Con el cuerpo anestesiado por la calma, nos acicalamos y bordeamos la costa mientras atardecía entre las palmeras hasta llegar a Alguero, antigua colonia catalana que aún conserva los nombres de algunas calles y plazas en catalán. Hasta nos encontramos algún lugareño veterano que decía ‘parlar’ tal dialecto.

Alghero(Atardecer en el puerto de Alguero)

Dicen que la ciudad se llama así por las comunas de algas que pueblan el fondo de sus mares, otros dicen que su nombre deriva de la raíz árabe ‘AL giaz ira’, que significa isla. También hay leyendas de piratas, de barcos fantasmas, de cárceles, de maleantas, de ladrones de coral, de gigantes y de tesoros escondidos.

Antes de explorar esta tierra de corsarios y piratas, merendamos en la terraza ‘Focacceria Milese’, que tienen registrado su propio bocadillo. Nos tomamos un focaccio Milese típico y un focaccio de carpaccio, a 2,5€ la unidad. Qué ganas tenía yo!

'Focacceria Milese'(Focacceria Milese)

Luego paseamos por dentro y por fuera de sus murallas, bailamos sus danzas populares, colonizamos el centro histórico, entramos en mil tiendas de coral e inspeccionamos toda pizzería que se encontraba abierta hasta que nos sentamos en ‘Lu Furat’: pizza de gorgonzola y panceta, más agua: 10,50€. Típica, típica y muy rica.

Alghero(Alguero)

26 de agosto: Roccia dell’Elefante y Castelsardo

En Sassari, compramos víveres en el Lidl y pusimos rumbo a Castelsardo. Antes, por el camino. Nos paramos en la Roccia dell’Elefante: es una roca que formaba parte del Monte Casteddazzu y se desprendió. Rodó valle abajo hasta quedar a la altura de la actual carretera estatal. Debido a la erosión, ha asumido, desde época antiquísima, el aspecto de un elefante que custodia con su trompa la carretera.

Roca del Elefante(Roccia dell’Elefante)

Después continuamos nuestro camino hasta la playa San Pietro Mare, que deja la arena en el centro y está rodeada de playa, por un lado y de río, por el otro. Había una brisa agradable. Comimos de bocata, nos reímos, siesteamos y nos fuimos a conocer otra playa, a los pies de Castelsardo: Lu Bagnu, muy familiar, algo atestada, de las que no recomendaríamos. Prescindible.

Playa San Pietro Mare(San Pietro Mare)

Después nos asentamos en la ladera de Castelsardo, posiblemente el pueblo más bello de Cerdeña. Dicen. Su panorámica es preciosa.

Castelsardo(Castelsardo)

Aparcamos en lo alto, muy cerca del castillo que corona la montaña. Paseamos por las callejuelas, entramos en la Iglesia Santa María de Gracias con el Cristo Negro y fotografiamos el precioso atardecer. Luego bajamos hasta el pueblo en sí para buscar el restaurante Sa Panada, con muy buenos comentarios en Tripadvisor. El dueño es un espectáculo, muy gracioso, aunque a veces puede resultar cansino. Cenamos por fin los gnochettis a las sarda y pizza napolitana, más agua: 20€.

Atardecer en Castelsardo(Atardecer en Castelsardo)

Nos despedimos de Castelsardo con esta imagen. Y vuelta a nuestra Sassari.

Castelsardo de noche  (Feria de noche en Castelsardo)

27 de agosto: Alguero y vuelta a España (28)

Último día en el paraíso sardo. Nos levantamos a las 9h en punto, según mis notas de viaje. Desayunamos a tope, como cada día, y cargamos el Megane con más bártulos de los que llevamos. Como nos parecía poco, nos fuimos a una tienda y arrasamos en la sección de pasta, compramos para un año entero y para repartir como ‘souvenir’. También salsas, pan sardo, queso pecorino y ‘gnochetis’. Después nos fuimos al parque natural de Porto Conde y nos bañamos donde nos apeteció, en medio del mar.

Porto Conte(Cualquier lugar de Porto Conte, Alguero)

A media mañana nos fuimos a conocer otra playa de Alguero, Il Lazzaretto, tan familiar como la Mugoni pero sin pinar. El agua volvía ser una maravilla natural. Comimos un pan de focaccia con paté de atún en escabeche, una ensalada y dos ciruelas. También un helado mientras unos chavales españoles daban el espectáculo en el chiringuito para pedir unos simples bocadillos. Fue nuestro último baño y nuestra última siesta en mucho tiempo. Tristeza máxima.

Il Lazareto(Il Lazzaretto, Alguero)

Merendamos un ‘focaccio’ de zamburiñas en salsa de vieiras, nos dimos una ducha muy divertida por 2€ y en Alguero nos pasamos a hacer más compra de productos italiano. Volvimos a recorrer el casco antiguo, nos sentamos en las almenas del fuerte a ver de nuevo el atardecer y rastreamos las trattorias hasta encontrar estos ‘parppadelle con aragosta’ (Pasta & Co, 35€).

Pasta italiana(Parppadelle con bogavante, en Pasta & Co)

Fue nuestra última cena en el edén. Luego retomamos el paseo, fue muy largo, nos compramos un helado de Nutella y disfrutamos de la noche. A las 2h buscamos el coche y nos fuimos a Porto Torres, de donde salía el barco (6:30h). Fuimos cantando a voz pelada para no dormirnos en la profunda noche sarda. Al llegar, echamos una cabezadita en el coche y cuando abrimos el ojo (sobre las 4h) ya éramos los últimos de una fila a la que habíamos llegado los primeros. Estábamos inconscientes.

El regreso fue duro, a veces también divertido; la experiencia, brutal; el viaje, inolvidable; el agua, preciosa; el recuerdo, imborrable; y el futuro, muy espcial. Así fue nuestro viaje a Cerdeña. Volver es una obligación.

Alguero

12 días en Cerdeña con nuestro coche I

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